19/2/17

Famille: Reseña de Juste la fin du monde, Xavier Dolan, 2016

Imagen extraída de Juste la fin du monde, Xavier Dolan, 2016.
Nacer es una herida, el inicio de un lamento, una mutilación llamada ‘yo’. Nacer es el comienzo de una búsqueda fatal que acaba con la muerte, con un regreso al todo o a la nada. La familia es una araña que teje un refugio sin salida. Es una tirita y una cuchilla, el veneno y el antídoto. Ser uno mismo es no ser nadie. Ser es sumar recuerdos en un recipiente hueco. El individualismo es la búsqueda del modo de desmentir esa afirmación. Es la creencia de que el ‘yo’ es algo más que la mezcla de todo lo vivido. Que somos más que una herencia de cosas que ya nos han venido dadas. El narcisismo es una forma de aislamiento masoquista y voluntario. Es la creencia de que ese ‘yo’ único, más allá de herencias culturales, sociales o biológicas, ese ente mágico, no le debe nada a nadie, ni necesita a nadie más para crecer. El camino de Narciso lleva inevitablemente al desencanto. A romper la imagen y ver el vacío que se esconde debajo. La nada más grande del mundo.

11/2/17

La creación es un pájaro sin plan de vuelo que jamás volará en línea recta: Reseña de Violeta se fue a los cielos, Andrés Wood, 2011

Imagen extraída de Violeta se fue a los cielos, Andrés Wood, 2011.

Qué difícil es hablar de un biopic. Las películas biográficas constituyen, probablemente, uno de los géneros cinematográficos más cuestionables. No son documentales, pero tratan de reflejar la biografía de una persona. No son del todo ficción, pero trabajan con actores y guiones originales. Al final, el problema al que nos enfrentamos con los biopics es el de siempre, la cuestión de hasta qué punto podemos llegar a conocer a una persona, hasta qué punto podemos reducir una personalidad humana a una simple sucesión de eventos ordenados cronológicamente, suprimir todas sus caras y dejar solamente una a la vista. El propio escritor, cuando escribe sobre sí mismo, se mutila, y deja ver solamente una parte de su ser, miente, perfila verdades, esconde secretos. Mucho más cuando el encargado de escribir la biografía es una persona externa al biografiado. Y más aún cuando se trata de una producción cinematográfica, la biografiada lleva cincuenta años muerta y se tienen que contratar actores para poder recrear su vida en la gran pantalla. Dicho todo esto, no creo que podamos llegar a conocer nunca quién fue Violeta Parra. Pero nos queda su obra. Y esta película de Andrés Wood lo que consigue es, precisamente, mantener vivo su legado.

4/2/17

Paint tomorrow blue: Elliott Smith y la felicidad

Elliott Smith fotografiado por Autumn de Wilde.
Asistía anoche a la presentación de Un fotógrafo ciego, el nuevo poemario del escritor cartagenero Juan De Dios García; y una de las ideas que se plantearon en dicho acto se quedó dando vueltas en mi cabeza durante toda la noche: la idea de un nihilismo constructivo. Tal y como yo lo entendí, el nihilismo constructivo sería una forma optimista de ver la existencia humana tras la aceptación de la ausencia de un sentido que la sustente (un dios), una visión vitalista basada en el amor al hombre y la aceptación de la realidad inmediata. Esto se desarrollaría en el libro mediante dos pilares, el mito de Sísifo visto desde una óptica optimista ('Hay que imaginar a Sísifo feliz', que decía Camus en El mito de Sísifo), y el fotógrafo ciego, Evgen Bavcar, que desarrolla su labor artística sin aspirar a poder verla jamás (y sin lamentarse por ello). En fin, saco todo esto a colación ahora porque últimamente he estado pensando en Elliott Smith, uno de los músicos más talentosos que he tenido el placer de escuchar, y cuya visión de la existencia, ampliamente desarrollada en sus canciones, se definiría como la opuesta a la que propone Juan De Dios: Elliott Smith vivió en un nihilismo destructivo.

29/1/17

El ave que me dio el canto: Reseña de Panal, de Camila Moreno

Portada de Panal, Camila Moreno, 2012.
Panal es un rito chamánico. Es también muchas otras cosas, pero sobre todo es eso. El disco se abre con un sacrificio, se incendia el cuerpo para liberar el alma. Se inicia con un final que es un principio, un renacer, una experiencia mística, y de esa muerte física nace el arte o la liberación, tal y como constata el estribillo: Incendié mi voz, florecí en el barro. Este inicio explosivo asienta las bases de lo que va a ser el resto del disco: percusiones tribales, guerreras, selváticas, guitarras y coros nacidos de una naturaleza viva y salvaje, explosión de color, renacer del ave fénix. Es un rito chamánico, sí, un reencontrarse; pero también es un grito de denuncia. La naturaleza oculta de las cosas, todo aquello que callamos, que aplastamos, que destruimos, resurge en este disco y pide recuperar su lugar; lo feo, lo animal, lo anárquico, todo ello reivindica en estas canciones su necesidad de existir por encima de leyes y mandatos, de horarios y rutinas, de ladrillos y cementos. Camila se convierte en bruja e invoca en sus canciones a todo aquello que haya cedido ante las leyes del hombre, conjura el levantamiento de toda la naturaleza, porque comprende que sin ella estamos perdidos, sin raíces, el árbol muere.

21/12/16

Mutante

Portada de Mutant, Arca, 2015; obra de Jesse Kanda.
Todo el frío del mundo concentrado en mi cuerpo;
muerto el corazón, inútil aliento;
un montón de ideas absurdas que chillan en silencio:
la idea de un dios que no comprendo.
Mi cuerpo helado cubierto de insectos de terciopelo
que aletean frenéticos como si hubiera un modo de quitarme este frío y romper el silencio.
De hielo mis ojos no pueden moverse
y observan de piedra el monstruo que ofrece el espejo del tiempo,
masa de carne mutilada por los dientes del invierno,
como un guante de seda forjado en hierro,
como un grupo de niños tumbados sobre la hierba de un cementerio.
Capa a capa mi cuerpo mutante se va corrompiendo
y toda la inocencia que un día tuve cae a mis pies y se pierde entre los desechos de mis recuerdos,
como sucias hojas secas que se pudren sobre el suelo.
Hay sangre secándose en las aceras de Alepo,
sangre roja que corrió por venas y arterias
en la seguridad que ofrecen los límites del cuerpo.
Cayeron las bombas destrozando los caminos,
vinieron los hombres a arrasar la tierra
y Dios no hizo nada para detenerlos.
Moldeado por los hombres, machacado por el tiempo,
ya no soy más que una variación grotesca
de lo que fui en mis comienzos.
Mutante y alienado, a imagen y semejanza
de la entropía del universo,
intento sonreír,
pero no me quedan fuerzas para hacerlo.

8/12/16

Crónica del FICC_45

Cartel oficial del FICC_45
Ya va siendo hora de hablar del FICC_45, el Festival Internacional de Cine de Cartagena. Ya son cinco los años que llevo asistiendo, y desde aquel 2012 en que decidí asomarme a aquel festival que anunciaban las paradas de autobuses y salí entusiasmado, cada año conservo esa tonta ilusión de que llegue diciembre para ir a ver las películas del FICC, como unos Reyes Magos adelantados. En estos años he visto ahí algunas de las películas más interesantes que he tenido el placer de ver, películas de diversas nacionalidades, géneros, culturas, sensibilidades, películas que me han servido para ampliar mi visión del ser humano y de la vida. Entre ellas, por citar las mejores de las que he podido ver, se encuentran En kongelig affære (A royal affair), Lore, Submarine, Amour, Quai D'Orsay, Gloria, The Rocket, The broken circle breakdown (Alabama Monroe), Hoje eu quero voltar sozinho (The way he looks), Mommy, Razredni sovražnik (Class Enemy), Ida, Magical girl, Pride, Elser: Er hätte die Welt verändert (Georg Elser), 海街 diary (Our little sister), Mia Madre, Mustang, Trois souvenirs de ma jeunesse (My golden days), Fúsi (Virgin Mountain), The lobster o Anomalisa. Y este año el festival ha traído más películas que añadir a esa lista.

5/12/16

I used to pray like God was listening: Reseña de The devil and God are raging inside me, de Brand New (2006)

Portada de The devil and God..., que representa simbólicamente uno de los temas centrales del disco: la dicotomía del bien (la niña, la pureza, la inocencia) y el mal (los demonios).
Ha llegado la tormenta. Llega en forma de sombra y frío, no hay ojos para recibirla, el silencio es la única respuesta para los que no conocen el cielo. Y da miedo la soledad, da miedo el helado tacto de la nada y el vacío, pero es peor aún el infierno. Desde una perspectiva cristiana, la muerte puede ser algo más terrorífico aún que el simple dejar de existir. El concepto del pecado y de la condena eterna pueden hacer de la existencia un cuchillo sostenido permanentemente sobre el cuello, dispuesto a clavarse en cualquier momento, cada minuto una herida, cada noche un tormento. La vida nunca es completa, siempre termina abruptamente. La muerte es por naturaleza inoportuna, y por ello cada vida es algo inconcluso, una fuente natural de frustración, una rosa que sangra cortada antes de florecer por completo. Y en esa carrera desesperada contra el final ineludible, en esa batalla inútil, buscamos consuelo, buscamos algo de amor con el que refugiarnos del frío, buscamos la manera de eludir un destino terrorífico, buscamos ser felices, pero erramos. Reflejamos en nuestros actos los miedos de los que huimos, y dejamos de amarnos, encontramos placer en herir a los otros, y hacemos de la Tierra un valle de lágrimas, alimentamos al monstruo, y cada noche, solos en la cama, tememos de nuevo que nadie va a salvarnos de nuestros pecados, que ya es demasiado tarde para eludir la condena al infierno. Esta es la perspectiva filosófica en la que se mueve el disco del que vengo a hablar hoy: The devil and God are raging inside me. Bienvenidos a la tierra del sufrimiento.